Inicio >> Biblioteca >> Tertulia sobre Jorge Amado

Este martes 22 de Agosto, a las 4:00 p.m los esperamos en el segundo piso de la biblioteca con nuestra tertulia. En esta ocasión hablaremos sobre la vida y obra del escritor brasileño Jorge Amado.

Obrigado pela sua companhia.

LA MUERTE Y LA MUERTE DE QUINCAS BERRIDO DAGUA

 Jorge Amado

IV

 Buscó donde sentarse. Lo único que había, además del catre, era una lata de querosén, vacía. Vanda la enderezó, la sopló para quitarle el polvo, y se sentón. ¿Cuánto tiempo demoraría el médico en llegar? ¿Y Leonardo? Imaginó a su marido en la Repartición, confundido, explicándole al jefe la inesperada muerte del suegro. El jefe de Leonardo había conocido a Joaquín en los buenos tiempos de la Dirección de Renta. ¿Y quién podría haber imaginados su destino? Para Leonardo serían momentos difíciles, comentando con el jefe las locuras del viejo y tratando de explicarlas. Lo peor sería que la noticia se difundiera entre los compañeros de trabajo, comentada de mesa en mesa, llenando las bocas de risitas mal intencionadas; bromas groseras, comentarios de mal gusto. Era una cruz aquel padre; había transformado sus vidas en un calvario, pero en ese momento estaban en la cima de la montaña, sólo había que tener un poco más de paciencia. Con el rabillo del ojo, Vanda espió al muerto. Allí estaba, sonriendo, encontrando todo muy gracioso.

…Es pecado tenerle rabia a un muerto, y más aún si ese muerto es el padre de uno. Vanda se contuvo, era una persona religiosa, frecuentaba la Iglesia de Bonfim, y también era un poco espiritista, creía en la reencarnación. Además, ya poco importaba la sonrisa e Quincas. Finalmente era ella quien mandaba, y dentro de poco él volvería a ser el bueno de Joquim Soares de Cunha, irreprochable ciudadano.

 El santero entró con el médico, un muchacho joven, sin duda recién recibido, porque todavía se tomaba el trabajo de representar el papel de profesional competente. El santero señaló al muerto, el médico saludó a Vanda y abrió la valija de cuero brillante. Vanda se levantó apartando la lata de querosén.

-¿De qué murió?

Fue el santero quien explicó:

-Fue encontrado muerto, tal como está.

-¿Padecía de alguna dolencia?

-No se, doctor. Hace unos diez años que conozco, siempre fuerte como un toro. A menos que…

-¿Cómo dice?

-….se pueda llamar enfermedad al aguardiente. Tomaba muchísimo, era de buen trago.

Vanda tosió, con aire de reproche. El médico se dirigió a ella:

-¿Era empleado suyo?

Se hizo un silencio breve pesado. La voz de Vanda llegó como de lejos:

-Era mi padre.

Médico joven, todavía sin experiencia de la vida. Contemplo a Vanda, su vestido dominguero, su limpieza, los zapatos de tacos altos. Miró después de reojo al muerto paupérrimo, consideró la miseria absoluta del cuarto

-¿Y él vivía aquí?

-Hicimos todo lo posible para que volviese a casa. Él era…

-¿Loco?

Vanda abrió los brazos, tenía ganas de llorar. El médico no insistió. Se sentó en el borde de la cama y empezó a examinarlo. Sosteniéndole la cabeza, dijo:

-Mire cómo se ríe. ¡Que cara de desvergonzado!

Vanda cerró los ojos y apretó los puños, tenía la cara roja de vergüenza