Ligia Inés García Castro: la maestra que educó con el corazón
La profesora Ligia Inés García Castro fue, ante todo, una mujer profundamente apasionada por la educación. Para ella, enseñar nunca fue un acto técnico ni una acumulación de saberes, sino una apuesta ética y social: la convicción de que la educación transforma vidas, aulas y países enteros.
Antes que reconocerse como investigadora en enseñanza de las ciencias, Ligia se entendía como maestra. Su mayor interés no era figurar, sino impactar. Todo su esfuerzo estuvo orientado a una cualificación docente auténtica, capaz de transformar la experiencia educativa de niños, niñas y jóvenes. Quienes fueron sus estudiantes recuerdan a una profesora excepcional, de esas que irradian amor por lo que hacen y que dejan huella sin proponérselo.
Su vocación fue tan profunda que, aun en medio del dolor y antes de su hospitalización, lo último que hizo fue dar clase. Sonreía, pese a no estar en condiciones, y decía que estar allí, con sus estudiantes, era su medicina. Ese gesto resume su vida: enseñar era su forma de estar en el mundo.
Como investigadora, dedicó los últimos años a estudiar las emociones en los procesos educativos, un campo en el que se convirtió en una voz rigurosa y sensible. Desde allí impactó la formación docente universitaria, lideró procesos de reflexión curricular y acompañó transformaciones clave, como el tránsito hacia los resultados de aprendizaje en distintos programas, incluidas las ingenierías. Fue coordinadora de la Maestría en Enseñanza de las Ciencias, programa al que entregó su energía, su creatividad y su convicción de que la educación debe servir para cambiar realidades.
Ligia también fue una académica con amplio relacionamiento nacional e internacional. Trabajó con diversas instituciones y universidades, participó en procesos de formación de maestría y doctorado, y contribuyó a proyectos educativos que integraban ciencia, emociones, creatividad y sensibilidad, como el diseño de cartillas pedagógicas y propuestas innovadoras que incluso incorporaban la observación de aves como experiencia educativa.
Pero si algo distinguió a la profesora Ligia fue su calidez humana. Fue una mano amiga constante para quienes dudaban de sí mismos, para quienes creían no poder terminar una maestría o un doctorado. Pensaba en los maestros no solo como profesionales, sino como personas que necesitaban apoyo, comprensión y esperanza. Muchos hoy la recuerdan como quien los sostuvo en el momento más difícil de su proceso formativo.
En lo personal, Ligia fue una mujer generosa, alegre y profundamente familiar. Su hija Daniela y su nieta fueron el centro de su vida, su mayor orgullo y su motor permanente. Cada miércoles era sagrado: almorzaba con sus hermanas, un ritual inquebrantable que hablaba de su amor por la familia. Fue también una figura fundamental para sus sobrinos, a quienes acompañó con cariño y apoyo en su formación y en la vida.
Su historia fue la de una mujer luchadora, que atravesó circunstancias difíciles, que sacó adelante a su hija, que trabajó, estudió y, con enorme esfuerzo, culminó su doctorado. No necesitaba títulos para demostrar su grandeza, pero estos le permitieron mejorar su calidad de vida y, en los últimos años, darse el permiso de disfrutar, viajar y vivir un poco más para sí.
Amó profundamente la Universidad Autónoma de Manizales, su casa académica, a la que siempre quiso volver y a la que perteneció hasta el final. Incluso en sus últimos momentos pensaba en sus estudiantes y en la maestría. Su vida fue incansable, su energía admirable, su amor por la educación inagotable.
La multitud que la despidió en su velorio y en su misa refleja lo que fue: una mujer querida, respetada y profundamente significativa para su comunidad. El mundo pierde no solo una académica brillante, sino una amiga, una colega, una maestra y un ser humano excepcional.
Queda su legado en las aulas transformadas, en los docentes que acompañó, en los estudiantes que inspiró y en la certeza de que educar, cuando se hace con amor, es una forma de eternidad.
Que descanse en paz la profesora Ligia Inés García Castro.
Su luz permanece.
Este obituario se construye a partir del testimonio de Ana Milena López Rúa, docente y coordinadora de la Maestría en Enseñanza de las Ciencias, colega, amiga y exestudiante de la profesora Ligia Inés García Castro.