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Estrategia VIVA UAM para enfrentar nuevos desafíos profesionales
Proyección

¿Qué profesionales necesita la región para enfrentar sus nuevos desafíos?

  Juan Diego Salazar
Tiempo de lectura ~ 5 minutos

Gestión del riesgo, decisiones financieras, tecnología hospitalaria y ciencias cognitivas están entre los campos en los cuales la Universidad Autónoma de Manizales busca fortalecer la formación de profesionales con cuatro nuevos posgrados.

¿Quiénes estarán preparados para anticipar los riesgos de un territorio? ¿Cómo tomar mejores decisiones financieras en escenarios de incertidumbre? ¿Quién gestiona la tecnología cada vez más sofisticada que utilizan hospitales y clínicas? ¿Y qué podemos aprender de las ciencias cognitivas en un mundo atravesado por el desarrollo de la inteligencia artificial?

Son preguntas diferentes, pero tienen algo en común: representan desafíos que ya están enfrentando las organizaciones, las instituciones de salud, los gobiernos y las comunidades, y que demandan profesionales capaces de actualizar sus conocimientos, comprender problemas complejos y responder a contextos que cambian cada vez más rápido.

En el Eje Cafetero, algunos de estos retos se han hecho especialmente visibles. El terremoto del pasado 10 de agosto volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer las capacidades de prevención, preparación y gestión del riesgo. A esto se suman las transformaciones económicas, los desafíos del sistema de salud y los cambios tecnológicos que están modificando las competencias que necesitan los profesionales.

Cuatro campos de conocimiento frente a nuevos desafíos

En este contexto, la Universidad Autónoma de Manizales (UAM) incorporó cuatro nuevos programas a su oferta de posgrados: Maestría en Economía Financiera, Maestría en Ciencias Cognitivas, Especialización en Ingeniería Clínica y Especialización Tecnológica en Gestión del Riesgo de Desastres.

Más allá de ampliar la oferta académica, la apuesta busca fortalecer capacidades profesionales en áreas que tienen relación directa con algunos de los desafíos actuales de las organizaciones y los territorios.

La Especialización Tecnológica en Gestión del Riesgo de Desastres, por ejemplo, aborda el conocimiento, la reducción y el manejo del riesgo, un campo que cobra especial relevancia después de situaciones que evidencian la vulnerabilidad de los territorios frente a fenómenos naturales y la necesidad de fortalecer capacidades locales para anticiparlos, gestionarlos y responder ante ellos.

En el ámbito de la salud, la Especialización en Ingeniería Clínica se concentra en la gestión integral de la tecnología biomédica utilizada por hospitales y clínicas, un componente cada vez más relevante para la calidad, seguridad, eficiencia y sostenibilidad de los servicios de salud.

La Maestría en Economía Financiera responde a otro desafío: fortalecer las capacidades para analizar mercados, evaluar inversiones, gestionar riesgos y tomar decisiones financieras apoyadas en información, datos y análisis.
Por su parte, la Maestría en Ciencias Cognitivas propone una aproximación interdisciplinar al estudio de la cognición humana, social y artificial, en momentos en los que campos como las neurociencias y la inteligencia artificial están abriendo nuevas preguntas sobre cómo pensamos, aprendemos, tomamos decisiones y procesamos información.
“Hoy formar profesionales no consiste únicamente en profundizar conocimientos disciplinares. Necesitamos personas capaces de comprender problemas complejos, conectar diferentes tipos de conocimiento y convertirlos en decisiones que tengan impacto en sus organizaciones y territorios”, señaló Viviana Molina Osorio, coordinadora de UAM Virtual. 

Estudiar sin abandonar el territorio

Sin embargo, la formación especializada enfrenta otro desafío: las oportunidades de educación avanzada no siempre están donde viven los profesionales que las necesitan.
Para una persona que trabaja en un municipio intermedio o alejado de una capital, continuar estudiando puede significar desplazamientos frecuentes, mayores costos, dificultades para conciliar los horarios académicos con las responsabilidades laborales y familiares o, incluso, tener que trasladarse de ciudad.

En este contexto, la virtualidad adquiere una dimensión que va más allá de estudiar a través de una pantalla. Puede convertirse en una oportunidad para acercar conocimiento especializado a profesionales que, por razones geográficas, laborales o personales, tendrían mayores dificultades para acceder a programas de formación avanzada bajo esquemas exclusivamente presenciales.

A través de VIVA UAM, la Universidad busca ampliar las posibilidades para que más personas puedan continuar su formación sin necesariamente desvincularse de los lugares donde viven y trabajan.
Esto permite reducir desplazamientos y aprovechar mejor el tiempo, pero también facilita algo especialmente importante para quienes ya están vinculados al mundo laboral: integrar el aprendizaje con su realidad profesional y avanzar en su formación con mayores niveles de flexibilidad y autonomía.

Aprender también implica gestionar el propio proceso

La educación virtual plantea una relación diferente del estudiante con su proceso de formación. El acceso a contenidos, recursos y actividades académicas mediante entornos digitales permite organizar parte del aprendizaje de acuerdo con las condiciones particulares de cada persona y desarrollar una mayor capacidad para gestionar su tiempo y su avance académico.

Esta autonomía no significa estudiar sin acompañamiento. Implica que el estudiante asume un papel más activo en la definición de sus rutinas de aprendizaje, mientras cuenta con docentes, recursos académicos, espacios de interacción y herramientas tecnológicas que orientan su proceso.

Para un profesional en ejercicio, esta flexibilidad puede facilitar la articulación entre trabajo, formación y vida personal, permitiéndole avanzar de acuerdo con la dinámica académica del programa y gestionar de manera más autónoma los momentos destinados al estudio.

Además, estudiar desde el propio contexto abre otra posibilidad: conectar de manera más inmediata lo aprendido con los problemas reales que enfrenta el estudiante en su organización o territorio. Un concepto trabajado durante el proceso formativo puede convertirse en una herramienta para analizar una situación de su empresa, hospital, institución pública o comunidad.

Así, la virtualidad no solamente amplía el acceso a la educación. También puede contribuir a que el aprendizaje ocurra en diálogo permanente con el contexto profesional del estudiante.

Cuando el conocimiento permanece en el territorio

Ampliar las posibilidades de formación desde las regiones también es una discusión sobre desarrollo territorial.
La lógica es sencilla: si el profesional puede permanecer en su territorio mientras se especializa, el conocimiento y las capacidades que desarrolla también pueden quedarse allí.

Un profesional que continúa su formación sin abandonar su municipio puede aplicar lo aprendido en un hospital, una empresa, una entidad pública o una comunidad, fortaleciendo capacidades locales y generando nuevas posibilidades de respuesta frente a los desafíos de su entorno.

Del conocimiento a las decisiones

La conexión entre los cuatro nuevos programas está precisamente allí: formar personas capaces de tomar mejores decisiones frente a problemas cada vez más complejos.

Decisiones sobre cómo anticiparse, prepararse y actuar frente a un desastre; cómo administrar de manera segura y eficiente la tecnología hospitalaria; cómo evaluar un riesgo financiero y convertir datos en criterios para la toma de decisiones; o cómo comprender fenómenos relacionados con la cognición humana, social y artificial.

“El impacto de la educación se produce cuando el conocimiento sale del aula y empieza a transformar decisiones. Queremos que nuestros graduados puedan llevar lo aprendido a una empresa, un hospital, una institución pública o una comunidad y generar capacidades desde allí”, afirmó Nelson Iván Bedoya Gallego, Vicerrector Académico. 

Con esta nueva oferta, la Universidad Autónoma de Manizales busca conectar la formación posgradual con algunos de los desafíos económicos, sociales, tecnológicos y territoriales que enfrenta actualmente la región, mientras amplía las posibilidades para que profesionales de diferentes lugares puedan acceder a formación avanzada con mayor flexibilidad y autonomía.